jueves, 1 de septiembre de 2011

El mundo es tan grande, el mundo es tan chico, es tan abstracto y tan real. No basta golpearte con una piedra en la cabeza ni que te encuentren sumergida en humo de ciudad. A la larga las caras se borran, se estiran, se maquillan. Todos pretenden ser, ser para los demás. Ser para los ojos ajenos, que giran, miran, observan, paralizados. Zumbando. Sedientos de sangre, de angustia, de pantallas que muestren cosas interesantes. Para luego hablar con las demás almas vacías. Para llenarse la boca con aire vendido, comprado, rematado. Se acaban las excusas pero se inventan cuentos, historias, salvavidas que flotan en ese mar de hipocresía. Todos con la mirada fija en el premio más grande, que no se sabe qué es, pero si todos lo quieren, es porque mucho debe valer. Tratan de locos a los espirituales, de importantes a los corruptos, de invisibles a los criminales, de idiotas a la gente común. Denominan gente a la demás gente, tal vez como modo de alienarse de esa masa que se hunde en la decadencia. Para no asumir que nos encontramos todos en el mismo barco, en los mismos zapatos, en la misma caída. Me asusta pensar a dónde va a parar el mundo, si cada una persona con ideales y sueños, hay un millón que se quieren llenar los bolsillos. Donde el oro vale más que la sangre, y la plata más que la dignidad. Donde algunos se bañan con agua mineral mientras que otros toman agua de charco. Es un círculo vicioso. Uno solo no puede cambiar el mundo pero, ¿de qué vale un grano de arena cuando otros pocos mueven montañas?

martes, 15 de marzo de 2011

Pasan muchas imágenes frente a mis ojos, de vida, de muerte, de alegría, de abandono. No puedo entender lo que es crecer, pero definitivamente no soy igual que antes. Todos somos algo, todos somos. Se que soy pero no se qué soy, ya lo he citado alguna que otra vez. Cuántos centímetros crecí, cuantos kilos bajé, cuántas veces mi pelo cambió, no se. No me importa. Cuántas personas conocí, cuántas personas perdí, cuántas quise, cuántas me quisieron. ¿Cuántas veces fui feliz? Eso no lo puedo decir. ¿Cuántas veces lloré? Mejor ni contarlas. Cuántas veces me abrazaron, cuántas veces me dijeron que no podía hacer lo que quería (y cuántas lo ignoré).
Qué sentido tiene llevar cálculos como si la vida fuera cuestión de números. Tampoco tiene sentido hablar de la vida, cuando todavía no terminé la mía. Tengo cierta antipatía por los que hablan sin saber, y evito hacerlo. Solo hablo de lo que siento, de lo que se me ocurre, de lo que quiero o no contarles. Esto de decir lo que se me venga a la mente. Es terapéutico. Es liberador. Es mío y ajeno a la vez. Es tan extraño que no puedo dejar de hacerlo. Pero tengo una duda..¿Por qué no tengo la inspiración que tenía antes? Es rara la envidia hacia uno mismo. Aunque al leerme, leo tristeza, leo decepción. Tal vez que no pueda escribir de ello sea bueno. Creo que aunque no pueda entender bien esto de crecer, hay algo que sí se: ultimamente tengo buenos pensamientos. Entendí que no es bueno suprimir los malos, pero a veces es la mejor opción. Ya se que hay gente por la cual no vale la pena amargarse, por mas daños nos hayan hecho, por mas daño que nos estén haciendo. También se que no me gustan los consejos, ni siquiera los propios, pero si voy a equivocarme que sea por que yo me equivoco. A penas aprendo de mis errores y quieren que aprenda de errores de otros. Na! Viviré tropezando pero con mis pies. Con mis pies también voy a saltar, voy a bailar, voy a correr,voy a caminar, a tropezar una o dos veces mas, pero solamente un día - solo un día - voy a parar.

jueves, 3 de marzo de 2011

Esta no fue como tantas otras veces de volver a empezar. Esto es paralelo a una nueva etapa, a una nueva faceta de mi persona. Me encontré mil veces frente al espejo, con unos pelos menos y unas arrugas más, preguntándome si soy la misma, si todo esto es una ilusión o ya es parte de mí. El tiempo se pasó volando, volaron tantos sentimientos, tantas experiencias, tantas personas. Ya no me siento un remolino, ahora siento que me lleva la corriente. A veces creo no ver, pero en realidad las cosas están ahí, adelante mío. No tengo que buscar mas, ni leer horóscopos viejos. No tengo que pensar en cómo seguir, ya se que no hay un camino. No me tengo que preocupar porque las cosas vienen solas, cada vez que dejo de complicarme las cosas fluyen y me siento plena. Disfruto de cada cosa que me sale bien, y sufro los golpes con la cabeza en alto. Aunque a veces siento tropezar, siempre esta el que me sostiene la mano y me dice que no pare, que siga. Y yo sigo nomás, y ya no tengo un nudo en la panza, y ya no tengo miedos que me aten. Que todo sea tan simple me quitó hasta las ganas de escribir por un tiempo, pero eso es buena señal. Que siga simple. Tengo la mente y el corazón ocupados, tengo la conciencia tranquila y el alma feliz.