martes, 16 de junio de 2009

Tomás


Vamos, venimos. Naufragué. Anclé en vos. Esa ancla de hilván que me hace sentir débil. Sentirme tuya, sin dueño. Bailando con tu misterio, intentando marcar el paso. ¿Cómo pasé de sostenerte con mis manos a perderte en la distancia? Pude ahogarte en mis mares para luego secarte con mis palabras. Atarte con mis miedos de bolsillo, pero de manera tan suave que podrías haber escapado en cualquier momento. Cómo puedo hacer para mirarte desde tantos kilómetros, si mi vista está inundada. Imposible abrazarte con la llanura de por medio. No quiero vendas temporales que emparchen...quiero tenerte. Protección de tu alma.
Somos lo que solíamos ser, puede ser que simplemente nos hayamos desviado un poco del camino. Resistiendo mi propia personalidad, sobrellevando mi mochila de frustraciones pasadas. Mis anhelos de que esta vez sea un viaje diferente. Anhelos, certezas. Piso fuerte sobre tu huella, aunque ya desgastada por el tiempo de tu ausencia. Faltaría que repases sus contornos lo más cerca mío posible. Tan, tan cerca, que tu perfume se mezcle con mi atmósfera y así pueda respirarte. No necesito de acción para que estés en mí, se puede interpretar de muchas maneras, solo necesito pensarte. Recordarte, vos recordándome. Escuchando tu risa en los rincones, en el techo, en la vereda. Sintiendo tus pasos hacia mí en compás con mi arritmia, esperando ese momento en el que entres de sorpresa y preguntarte..

¿Quién te abrió la puerta?

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